Otro caso que me llamó mucho la atención fue el de J.P. (10 años), que le cuenta a la colegiada que está metida en un lío del que no sabe como salir. Sus padres, separados desde hace 4 años, pelean desde los judzgados por su custodia y la de su hermano. Se siente culpable porque cree que todo empezó cuando, intentando  quedar bien con todos, les dijo a ambos, a cada uno en su casa, que quería vivir con cada uno de ellos.
J.P. llora con amargura ya que se ve envuelta en problemas de adultos, sin saber como afrontarlos. Como se culpabiliza de la situación, y no lo exterioriza de modo alguno, tiene pesadillas y angustia frente a determinadas situaciones.
R.P., de 6 años, y hermano de J.P. se encuentra en la misma situación, pero la afronta de manera bien distinta: debido a su edad y a su caracter inquieto e investigador, le apetece vivir en un espacio amplio y con libertad, por lo que prefiere vivir en la casa del pueblo de su padre. Disfruta enormemente tanto en casa de su padre como en la de su madre, pero pone todos los impedimentos posibles cuando le toca marchar de la casa de su padre (llega a esconderse, a escapar, a montar rabietas para evitarlo).
Esto me invita a pensar en las diferentes formas de afrontar la misma situación que pueden llegar a tener dos personas que se han criado en el mismo ambiente, cada persona es distinta, nace distinta, con un caracter concreto y muy determinado.

2 comentarios:

  1. Yo lo he observado en mis hijos, si su padre y yo discutimos mi hija intenta que lo solucionemos, mi hijo se encierra en su habitación y quiere hacer como que no ha pasado nada.

    ResponderEliminar
  2. Estoy totalmente de acuerdo con Aurora,mis hijos son chicos,él mayor se refugia en su cuarto,ya pasará la tormenta.Él pequeño se pone a mediar,es cuándo nos damos cuenta de que nos hemos pasado,además por una tontería que a nosotros como pareja se nos pasa,pero a ellos nos sabemos hasta que punto les afecta.

    ResponderEliminar