J.V., de 16 años, acude a la consulta por un posible fracaso escolar. Tras el estudio, la psicóloga concluye que las preocupaciones de J.V. no dejan que se centre en los estudios. Dichas preocupaciones surgen a partir de la separacion traumática de sus padres. El detonante de la separación fue la infelidelidad de su padre. J.V. incorpora a su vida la mentira, sin saberlo, ya que queda 'legalizada' cuando descubre la doble vida llevada por su padre desde hace años. J.V. está descentrada, y no encuentra normas ni límites que dirijan su vida. Entra y sale de casa cuando le apetece, estudia si quiere, ha empezado a fumar.... La psicóloga intenta, a través de varias sesiones, favorecer su autoestima, aportándole estrategias para que actúe de forma estable incluso frente a la inestabilidad de sus padres.
La posición que adopta J.V. es muy distinta a la de su hermano, que con 14 se ha convertido en un adolescente dominante y agresivo. No tolera la frustración, pretende asumir el mando de la casa, aunque ni su madre ni su hermana estén por la labor de cedérselo. M.V., el hermano, no es sujeto de tratamiento ya que la psicóloga sólo puede intervenir con menores con previa autorización de ambos padres, y en este caso el padre se niega a su intervención. Considera que, como es un chico, sabrá salir de esto (postura errónea, creo yo).
Me ha imprisionado tú relato María,los padres qué creemos que los adolescentes no nos necesitan tanto,me estoy dando cuenta con tus palabras de que justamente es lo contrario,demandan atención,nos están pidiendo a su manera esos límites,cariño... ¡a veces qué mal lo hacemos!Siempre se ha dicho que la mentira tiene las patitas muy cortas y que mala es.
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